Jaime Velázquez
Para un escritor, cualquier inicio es bueno y cada continuación puede ser interminable. La abuela venía de León con su mamá y su marido, al que dejó viudo más de veinte años. Él también murió luego de pasar largas temporadas como gran señor en Ixtapan. Pero mejor podría empezar por el piano de la tía, cuyas notas llenaron su infancia y estuvo en la casa de los abuelos para que los sobrinos aprendiéramos música, o el De Soto, que su marido, Alfonso Lara, originario de Linares, Nuevo León, llevó a Acapulco varias veces al año con Velázquez de todas las edades invitados.







